katryna
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Publicado: Jue Jul 21, 2005 10:32 pm Asunto: "Tauromacos al ataque".Extrido de www.altarriba.or |
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COPIO:
Taurómacos al ataque
Bú Bup nº 43 - abril / junio 2005 Pp. 58 - 61
Texto: Dr. M. E. Boillat de Corgemont Sartorio
He leído una noticia de aquellas que, a no ser por mi propensión proteccionista, cuya befa me produce cierto enfado, son solamente aptas para hacer morder los labios de risas hasta al individuo más huraño.
Se trata de una pobre ofensiva de los taurómacos que, una vez más, demuestran hacerse el cerebro un nudo a la hora de utilizar el lenguaje y la argumentación sosegada. Ellos saben solamente perseguir, torturar y acabar con unas cuantas vacas. El lenguaje no es lo suyo; ellos no hablan, ¡actúan! Y eso, a causa de múltiples razones que voy a listar:
1) No saben expresarse con elegancia y objetividad;
2) Suelen recurrir a agresividad y talante violento para defender sus puntos de vista;
3) Se lían con los conceptos más elementales, que no logran manejar pese a sus atrevimientos.
Todo inició con un rebote de los violentos matarifes por la multa (por cierto anunciada) que la alcaldía de Tarragona impuso a la desafiante plaza de toros de esa ciudad por permitir la entrada al ruedo de menores de 14 años, en desprecio del artículo 6.2.a de la Ley catalana 22/2003 de protección de los animales.
La denuncia que llevó a la sanción de la alcaldía fue interpuesta por PACMA (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal), que basó sus alegaciones en pruebas fotográficas de menores que accedían, acompañados, al coso.
La asociación taurómaca “Burladerodos.com” se quejó de la sanción alegando que las fotos tomadas concernían a menores, lo que es una ilegalidad.
Al analizar su ofensiva, uno se sorprende al ver como las elementales argumentaciones desplegadas no vayan más allá de una conceptualización de parvulario, a pesar de haberles probablemente costado, a sus autores, magna fatiga mental.
Análisis de la rabieta.
Cabe anticipar que, pese a la gravedad de la incorrección que afecta a todo el discurso ofensivo de ese grupo de agitados histriones, hay una debida atenuante, consistente en que es más que probable que, no obstante sus esfuerzos, los interesados no hayan detectado la simpleza y equivocación de sus argumentaciones, ni lograrán verla nunca.
Por esta limitación que les afecta, bien merecen una excusa que no otorgaríamos a intelectos de otro nivel.
1. No saben expresarse con elegancia y objetividad. Los taurómacos, en su perorata, atacan los conceptos fundamentales de la Ley catalana de protección animal 22/2003 de una manera chabacana, esgrimiendo argumentos puerilmente subjetivos tales como “que no es justa” (ya que les afecta). Este perorar, típico de los jóvenes por debajo de los 14-15 años, es sorprendentemente empleado por personas adultas que, sin embargo y análogamente a los pre-adolescentes, no saben aceptar la derrota ni la frustración de sus caprichos. Luego de expresarse – bastante vulgarmente –, pasan a atacar montados en su Rocinante de batalla de siempre, a saber, la monserga de la tradición y el llamamiento a la lucha para conjurar su trágica, anunciada desaparición de la península ibérica y de su cultura. Este desgraciado argumento, refutado con amplitud y calidad de argumentos una y otra vez, vuelve a flote cada vez que los aficionados a la “violenta matanza ritualizada de bóvidos” – alias “tauromaquia” - padecen algún nuevo golpe. Personalmente no creo que detrás de su insistencia por un argumento destartalado y temblequeando se deba a estrategia o mala fe; más bien creo que no logran aferrar el sentido de las críticas demoledoras que les conciernen, creo que no logran leer y comprender algo más complejo que un tebeo.
Para terminar, de su escrito se entrevé una rabieta que se expresa mediante términos que rozan el insulto y que expresan desprecio por quienes no piensan como ellos. Y todo ello solamente porque la nación, en su mayoría representada en la Ley, no quiere más identificarse con unos matarifes agresivos y chovinistas. Con esto demuestran no aceptar el principio de la mayoría, una de las notas distintivas de los sistemas pluralistas y democráticos. Este tipo de rasgo psicológico caracterizado por el autoritarismo, es típico de las sociedades chovinistas y represivas, que ellos bien representan ya a partir de su manera de argumentar.
2. Recurren siempre a agresividad y talante violento. En su crítica apodan a los contrarios de “listos” y otros términos sarcásticos baratos por el estilo, lo que demuestra una agresividad gratuita alineada con su incapacidad para el debate civilizado y educado. Esto podría interpretarse como una confirmación de aquella violencia que aprenden desde pequeños también yendo a ver masacres de animales inocentes como si fuera la norma del comportamiento. Además, expresan su violenta actitud cuando afirman que “nadie les puede decir como educar a sus hijos”, desafiando así hasta a la Ley que resume, por su legitimidad, los principios básicos del Derecho.
3. Se lían con los conceptos más elementales, que no logran manejar. Tras toda esta confusión de conceptos, emociones y rabietas, lo más divertido llega cuando los matarifes se atreven en el terreno de la especulación intelectual. No sabemos si ello sea el fruto de la contribución de algún “docto” del grupo, pero propendemos por pensar que no, que se trata simplemente de un brote de valor intelectual autónomo, aunque lo único que consigue es hacernos pasar un buen rato de risas.
En efecto, atacan la denuncia y la sanción por el siguiente motivo, según ellos, “jurídicamente” fundado. Dicen que, siendo ilegal la toma de fotos de menores sin el permiso de sus tutores (los inconscientes e infractores padres que los llevaban al ruedo), la denuncia estaría afectada por ilegalidad, y así también la sanción.
Este discurso puede hallar adhesiones, pero solamente entre aquellos que no conocen bien los principios generales de la ley. Esto no quiere decir que no haya administradores o juristas que puedan estar convencidos de la corrección de tal argumento, pero, si se tomaran la molestia de estudiar y comparar los ordenamientos más avanzados y de tradición democrática más consolidada, hallarían la constate por la que una prueba tomada en violación de ciertas normas de procedimiento se puede considerar como válida cuando no hubiese otra manera para llegar al descubrimiento de la infracción y cuando haya proporcionalidad entre la irregularidad procedimental el interés protegido. El Derecho no permite que se recurra a él para legitimar conductas inmorales o ilegales ni escudarse detrás de supuestas irregularidades para franquear la Ley.
Es obvio que los padres de esos menores eran quienes voluntariamente incumplían la ley y que ocultar el menor, como es praxis periodística, afectaría a la totalidad de la prueba, puesto que el infractor podría alegar que no conoce al menor (cuya identidad no se podría revelar).
En segundo lugar los taurómacos vuelven a insistir sobre el hecho de que son los padres los que deben decidir acerca de la educación de sus hijos.
Para sustentar sus argumentaciones recurren – ¡y como no! – al viejísimo parangón entre “malos” y “malísimos”, sacando a relucir, con dramatismo diletante, que “el mismo día en que los padres llevaban a sus vástagos al ruedo”, un joven de 16 años mataba a tiros en EE.UU. a sus abuelos, profesores, un guardia jurado de la escuela, y 5 compañeros, para luego suicidarse. Ese joven “nunca había ido a una corrida de toros”, concluyen simplonamente los taurómacos. Con esto demuestran no comprender el concepto fundamental y las debidas diferencias entre antisocialidad, asocialidad, violencia, agresividad y crueldad. Para ellos, todo es lo mismo, y la prohibición de la entrada de los menores a los “espectáculos” taurinos se habría decretado para evitar que los niños conviertan en asesinos en serie o cosas por el estilo. Con esto, hacen alardeo de insuficiente perspicacia, ya que eso no es exactamente el motivo.
Es obvio que no todos los asesinos, delincuentes, y sujetos violentos que gozan – o no – del sufrimiento ajeno se han formado en los ruedos taurinos, así como es obvio que no todos los taurinos son unos sujetos agresivos sudados y exaltados. Lo que la prohibición refleja, por el contrario, es un conjunto de factores más complejos que se resumen en:
1) Recoger la voluntad de la mayoría de los catalanes que ya no se identifican con la tauromaquia y rechazan estos espectáculos;
2) Proteger a los menores que – como indica esa ciencia que los taurinos evidencian desconocer, son psiques inmaduras e impresionables - de escenas que pueden afectar profundamente a su equilibrio mental;
3) Proteger a los animales de sufrimientos inútiles y anacrónicos apoyados solamente por una minoría, al menos en Cataluña.
Como se ve el entramado de la prohibición no es tan sencillo y llano como creen nuestros amigos matarifes.
Los taurinos dicen ser “muchos” en el mundo y llaman a la lucha para defender su tradición. Que sean muchos en el mundo es un dato relativo que hay que poner en comparación con otro término para definir esa supuesta profusión. Si lo relacionamos con los aficionados al “Tag of War” en Escocia, probablemente resultarán ser muchos; pero, si simplemente los relacionamos con las mentes normales que no aprecian ni quieren que los animales sean tratados y masacrados de esa manera, y bien, los taurinos no amontarán más que a un puñado de personajes bizarros extrapolados de otros tiempos y culturas.
E incluso de querer concederles el beneficio del número, resultaría bastante sorprendente que esa cantidad se esparza integralmente entre América Latina y España, mientras que Cataluña se quiere alejar de ese tipo de cultura, y en Francia, el otro país europeo que aún mantiene esa sandez, los taurinos sean justamente “4 gatos”.
En cuanto a la afirmación taurómaca de “ausencia de estudios científicos” que prueben que la violencia hacia los animales conduce a serios disturbios de la personalidad, los taurinos demuestran no haber aún aferrado la siguiente proporción: “no todos los maltratadores de animales son psicópatas; la inmensa mayoría de los psicópatas tienen un historial de maltrato de animales”. Ser un disturbado mental no es sinónimo de haber llegado a padecer un trastorno a través de presenciar espectáculos violentos con toros en tierna edad. Sin embargo, no hay duda de que algún que otro espectáculo violento Jeff Weise debe de haberlo vivido en sus carnes. El problema pues, no está en los toros en sí, sino en la violencia* que ellos engloban y que no acarrea por ejemplo el “Rodeo” americano. Sobre el nexo entre disturbios de la personalidad y crueldad con animales, hay consenso entre los estudiosos y existe copiosa literatura e investigaciones que ya he mencionado difundidamente en otros escritos. Los taurinos deberían leer dichos estudios antes de dejarse tentar en proferir tan fáciles cuan infundadas conclusiones.
Pero su propensión para la auto-justicia y rebeldía agresiva se demuestra patentemente en su rechazo a conformarse a Derecho, insistiendo obtusamente en que “nadie puede decirles como educar a sus hijos”. Aquí la confusión mental que evidencian es titánica, mezclando en una menestra incomestible valores elevados y viles bajezas, como cuando fusionan “educación de los menores” (una actividad delicadísima que incide sin retorno en la construcción de la personalidad) y “espectáculo violento”, “crueldad”, “desobediencia civil e infracciones a las leyes”. El hecho de que quieran educar a sus hijos en estos valores debería justificar ya de por sí el retiro de la potestad.
Contrariamente a su creencia, la sociedad en la que ellos quieren insertarse e insertar a sus hijos, sí que puede legítimamente exigirles que se conformen a ciertos valores generalmente aceptados (en el objeto que nos concierne, alejar a los menores de ciertas influencias nefastas), cosa que hace a través de la Ley. El hecho de no quererse conformar a dichas exigencias sociales es lo que se califica como “a-socialidad” y, cuando llega a infringir las normas jurídicas, como “anti-socialidad”.
Esperaría que esta explicación excitara en los taurómacos una debida revisión de sus prioridades y construcciones intelectuales, pero no me hago ilusiones, sé que no entenderán ni un tercio de lo escrito. Por lo tanto me lo tomo como un pequeño desahogo para aquella propensión proteccionista que se ha sentido befada por tan bufo ataque.
En conclusión: bien hicieron los de PACMA en fotografiar a los menores que eran llevados al ruedo por sus irresponsables padres, puesto que de no ser así, el apartado 2.a del artículo 6 de la Ley catalana quedaría en letra muerta. Y si esos faranduleros padres quisieran denunciar, que lo hagan, así la Generalitat podrá multar y perseguir directamente a los responsables directos de tanta desobediencia.
* La definición exacta de “Violencia” es: “Ejercer fuerza injusta para obligar otros a hacer o no hacer algo”. _________________ Tal vez,no se hace malo el hombre cuando se parece a los animales,y se hace malo el animal cuando se parece a los hombres...
Hace falta matar a mas de 40 animales para vestir a uno solo.
http://www.youtube.com/watch?v=BEmJZVcTQBk |
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