neo32d
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Publicado: Mie May 31, 2006 3:16 pm Asunto: Re: El cortejo y el apareamiento |
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| neo32d escribió: |
El cortejo y el apareamiento:
sobre tortugas o galapagos acuaticos
La época de los amoríos suele corresponder a nuestra primavera (otoño a Sudamérica) y tiene lugar normalmente una sola vez al año, como máximo dos para algunas especies. En algunos casos será útil separar los sexos durante unas semanas, o someterlos a una breve brumación, en estancias no caldeadas, reduciendo las horas de luz, la temperatura y la alimentación.
Los machos, a veces, someten a sus hembras a largos cortejos. El ritual de apareamiento se realiza, en muchas especies, de manera más bien brutal: el macho, en efecto, es extremadamente impetuoso, y a menudo causa heridas de mordeduras en el cuello y abrasiones en el espaldar de la hembra.
Los apareamientos tienen lugar durante la noche o durante las primeras horas de la mañana.
Los huevos:
La producción de los huevos suele ocurrir al cabo de algunas semanas (entre tres y nueve), y le sigue la deposición de un único y gran huevo (a veces más de uno), normalmente de forma elíptica con los polos más o menos achatados, o de forma esférica, y de color blanco o crudo.
Una particularidad de las hembras de estos reptiles, que generalmente doblan en la edad adulta el tamaño de los machos, es que una vez alcanzada la madurez sexual producen huevos incluso sin la "presencia directa" de machos: después del apareamiento pueden mantener con vida los espermatozoides en pliegues mucosos de la cloaca o del oviducto durante meses o años, y por tanto los huevos pueden resultar fértiles en las siguientes estaciones sin que tengan lugar nuevos apareamientos (fecundación retardada).
Los quelonios son todos ovíparos (ponen sus propios huevos); no hay ninguno vivíparo.
Los huevos de las tortugas no poseen la chalaza (espesamiento del albumen, presente en los huevos de las aves, que mantiene la yema suspendida), sino sólo un albumen en parte líquido y en parte gelatinoso, más bien abundante y que cumple la función de reserva de agua, de acción antibacteriana y de apoyo de la yema. La cáscara está constituida por una membrana fibrosa interna y una cáscara calcárea externa de aragonito (cristales de carbonato de calcio), con consistencia rígida o blanda que, además de realizar una acción protectora, aporta calcio al embrión en crecimiento y favorece el intercambio de oxígeno y absorción de agua.
La puesta:
Las hembras ponen los huevos en la tierra (también los que no son fértiles después de excavar una fosa con dimensiones y profundidad variables: en los terrarios que alojan a hembras preñadas, por tanto será necesario disponer de un lugar adecuado para la puesta, por ejemplo, un contenedor provisto de un fácil acceso por una pared lateral y lleno de mantillo, turba y arena.
Las hembras excavan con un movimiento alterno de las extremidades posteriores, generalmente por la mañana o por la tarde (algunas incluso de noche), a menudo después de llover, cuando el terreno es más manejable; suelen elegir una zona al sur, ligeramente pendiente -para evitar peligrosos estancamientos de agua en el nido- y con mucho sol.
Las puestas, influidas también por las fases lunares, son más frecuentes poco antes de la luna llena o al inicio de la fase de la luna menguante.
La preparación del nido puede durar también muchas horas, y la hembra puede interrumpir varias veces la excavación para reiniciarla luego en otros lugares, sobre todo si se le molesta.
Cuando se acaba la puesta, el reptil tapa el agujero, aplana el terreno y lo cubre con materiales vegetales, y lo hace con tanto cuidado que, a veces, hasta el criador más experto puede tener dificultades en reconocer la ubicación exacta del nido. Por esta razón, tanto para facilitar al animal la búsqueda de un lugar adecuado en el que poner los huevos, como para hacer más fácil la recolección de estos para la incubación (práctica totalmente recomendable para obtener altos índices de eclosión), es aconsejable preparar con tiempo un pequeño montículo de mantillo poco prensado y sin obstáculos en una zona expuesta al sur.
En pequeños grupos de tortugas de la misma especie que ya se han reproducido, algunos terrariófilos han detectado la dispersión de huevos en el terreno, que han resultado no estar fecundados. Así pues, en los supuestos períodos de puesta (aproximadamente un mes después del apareamiento, después de unas lluvias y justo después de la luna llena) habrá que supervisar con frecuencia los posibles lugares de puesta.
La incubación:
Después de remover el mantillo que cubre los huevos, hay que recogerlos con sumo cuidado y colocarlos medio enterrados, dejando un determinado espacio entre uno y otro, en un contenedor de plástico para alimentos, con tapa, que previamente habremos llenado con vermiculita, perlita o mantillo y turba esterilizados y mezclados con agua en una proporción de ocho partes de vermiculita y diez partes de agua. No hay que cubrir completamente los huevos, sobre todo si los contenedores son oscuros y no dejan pasar la luz. A continuación hay que colocar las cajas con los huevos en la incubadora ya preparada. Es conveniente colocar una única nidada en cada contenedor: no mezclar los huevos de diferentes especies.
La temperatura ideal para la incubación de los huevos se encuentra entre 28-30 grados en el día y 24-28 grados en la noche. La humedad idónea es del 70%.
La incubadora:
Junto a las industriales encontramos las hechas en casa. Éstas se pueden realizar utilizando cajas de poliestireno (fácil de conseguir en las pastelerías y tiendas de acuariofilia), de madera, de plástico o de vidrio (desaconsejable), e instalando un sistema de calefacción con esterillas y platos calefactores con termostatos y temporizadores, o bien con un termocalentador en probetas de vidrio para acuarios colocadas dentro de un recipiente con agua ubicado debajo de los contenedores con los huevos y la vermiculita o el mantillo húmedos.
Muchos aficionados han intentado diversas soluciones para el drenaje del agua de la condensación que se forma en el interior, poniendo oblicuamente placas de metacrilato o de plástico, o abriendo parcialmente la tapa de la incubadora.
Quien tenga muchas tortugas, en cambio, puede utilizar como incubadora armarios pequeños de madera o de plástico, o neveras viejas, naturalmente adoptando las modificaciones necesarias.
Durante la construcción de una incubadora es importante tener siempre presente que las tortugas que viven en libertad, ya sean especies terrestres o palustres, ponen los huevos en los agujeros que quedan cubiertos con tierra, donde no hay luz y pasa poco aire.
Por tanto, es mejor utilizar materiales que no dejen pasar la luz (las cajas de plástico transparentes se pueden cubrir externamente con cartón oscuro), pero no es necesario agujerear el contenedor de huevos; al contrario: basta con abrirlo de vez en cuando para supervisar el proceso.
Controlar los huevos:
Los huevos pueden cambiar de color, tener pequeñas grietas o quedar cubiertos de moho, condiciones que sin embargo, no significan automáticamente que los embriones estén muertos o que los huevos no hayan sido fecundados: el moho tendrá que ser eliminado con cuidado, por ejemplo con un cepillo de dientes blando, y habrá que vigilar los huevos con mayor frecuencia.
Muchos criadores, para comprobar la fertilidad efectúan el "trasluz": iluminan la base del huevo con una fuente de luz intensa después de colocarlo delicadamente en el fondo agujereado y ligeramente cóncavo de una caja; si el huevo es fértil, 7-10 días después de la puesta se verá, a contraluz, una red de vasos sanguíneos que aumentará al cabo de pocos días, y en un segundo momento, en cualquier caso, se llegará a distinguir la silueta de la cría. Esta prueba resulta la mayoría de las veces muy difícil y su interpretación puede ser errónea; por esta razón, muchos autores aconsejan que no se utilice para evitar también el riesgo de romper los huevos. Si algún huevo parece no ser fértil, antes de eliminarlo definitivamente se puede colocar en otro contenedor y dejarlo incubar durante unos días más, separado de los fértiles para evitar posibles contaminaciones bacterianas o fúngicas.
fdo.: neo |
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